El churrero de mi barrio se llama
Valentín. El churrero de mi barrio tiene una hija preciosa. La niña se llama
Dolores (Como su abuela); la niña tiene el cabello rubio claro y unos penetrantes
ojos oscuros que chisporrotean a medida que descubren el mundo a su alrededor.
Valentín cuida de su hija como si fuése un tesoro, A veces creo que es un poco
sobreprotector. Pero es lógico, él es su padre.
El pasado Domingo por la mañana
bajé como de costumbre a buscar unos churros para desayunar (Me encantan los
churros) y allí estaba Dolores con su madre, justo cuando entré…
-
Buenos Días!- Exclamé.
-
Buenos Días!- Me respondieron con gran alegría desde el
interior como era habitual.
…comenzaba Adela a explicarle una
historia a su hija:
“Imagínate que vives en el Viejo Oeste, el que vemos en las películas. Con sus granjas y sus molinos. Con sus caballos y sus carretas. Ahora
imagínate que has de coger el tren. Sales de casa, vas a la estación y cuando
llegas allí, el tren acaba de ponerse en marcha y comienza a avanzar sobre los
raíles. Al principio lento, pero cada segundo que pasa coge más velocidad”.
Internet es como ese tren. Cuando lo descubres ya está en marcha y no se va a
detener para que puedas subir fácilmente. Ahora eres tú quién decide si
aceleras el paso y de un enérgico salto te incorporas en su viaje.
Salí de la churreria y justo
detrás de mí salió Dolores, se subió a su mountain-bike y se marchó pedaleando.
Subiendo calle arriba hacia casa con las manos calentitas sujetando el paquete
de churros recién hechos pensaba: Que suerte tiene Dolores por tener unos
padres como los que tiene.
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